Llegué hace a Culiacán y no había nadie esperándome en el Aeropuerto como se suponía. Marqué a Mercedes, la persona encargada de traerme a dar una conferencia de Turismo de Salud al Congreso de Turismo Médico, y me dice: “no sé qué pasó, no me contesta el chofer, pero ahorita voy yo”.
Pero mientras hablaba con ella, se me acerca una chica hablando por teléfono y me pregunta si soy Daniel.
Le dijo a la persona con quien hablaba “aquí está” y colgó. Yo seguía al teléfono, y sin cortar le pregunto a la chica: ¿Cómo te llamas?.
Me dice que Elvia, lo cual repito al teléfono a Mercedes, y me dice “pues que bueno, acá lo veo”.
En eso entra una llamada, la tomo y me subo al auto, el cual, pronto me di cuenta, era conducido por una verdadera cafre que parecía no tener conocimiento de la necesidad de usar el clutch y las diferentes velocidades claramente disponibles al alcance de su mano.
Finalmente terminé la llamada, me disculpo, y digo a las dos chicas: "gracias por recogerme, Mercedes estaba preocupada y ya venía ella por mí."
Una de ellas me pregunta: ¿y viene a hacer varias instalaciones?
Yo 🤔 …
Se hizo un silencio por varios segundos, interrumpido por que una de ellas me pregunta: ¿Mercedes?
Sí, le contesto, Mercedes, la organizadora del Congreso.
¿Congreso? Pregunta la cafre, y en eso ambas se voltean a ver con cara de intriga, y entonces les digo: soy Daniel Ordaz, ¡¿a cuál Daniel iban a recoger?!
Hubo una carcajada grupal que duró varios segundos, la cual fue bruscamente interrumpida porque la cafre al volante se dio la vuelta en U a plena hora pico de la tarde, cual bandida en fuga.
Justo entonces sentí tremenda empatía con algunos de los pasajeros que han viajado conmigo a través de los años, pero al menos esas personas han tenido el consuelo de que fui piloto profesional por 10 años, no como me pasaba en pleno tráfico de Culiacán con una conductora que ponía a prueba la resistencia de los componentes de la transmisión del Chevy Spark.
Mi duda en ese momento fue, ¿qué iba a hacer la cafre, si era objeto de un secuestro pobremente orquestado, o la inocente víctima de una serie de eventos desafortunados?
Justo entonces vi una planta embotelladora de Arca Continental, y les dije: ahí déjenme, yo los conozco. Como si alguien del corporativo de Monterrey fuese a estar en Culiacán en ese momento.
Llamé a Mercedes y le dije seriamente: "Me secuestraron", a lo que ella respondió con un grito no dirigido al micrófono del teléfono, el cual seguramente iba dirigido para alguien de su equipo, el que no pasó por mí: "¡secuestraron al doctor!".
No sé cuántas veces le he explicado que ‘DOC’ son mis iniciales, no mi profesión, pero ya mejor la dejo que me diga como quiera, a veces es licenciado, otras doctor, y ambas me chocan.
Así que me bajé del auto tan pronto se detuvo, y me fui a sentar a la banca en la Parada de camión afuera de Arca. Me puse a escribir esto mientras esperaba a Mercedes, lo cual fue como 40 minutos, así que pude disfrutar del tráfico culiche vespertino.
Mientras escribía estas líneas, las pseudo secuestradoras pasaron por el otro lado de la avenida, pitando y saludando efusivamente, seguramente ya con el Daniel correcto abordo, ese que era instalador de quién sabe qué fregados.
Hubiera sido genial haber tenido la habilidad de grabarlas saludándome al pasar con tan singular alegría, o de haber grabado la escena dentro del auto, pero nomás no se dio.
Moraleja: hay que hacerle como James, James Bond. No basta el nombre para subirse con extraños.
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3 comentarios:
Ja,ja,ja.
Buena la historia y mejor que la puedes contar DOC.
A esto me recuerda una frase que repito y repito. Repito tanto que la comparto con mi familia y segunda familia (compañeros de trabajo): "No supongas nada que lo más seguro es que te vas a equivocar". He puesto atención a todo lo que supongo y me di cuenta que el 99% (por no decir siempre), lo que doy por acentado o supuesto es un error.
He aprendido que es mejor preguntar, investigar: indagar para no caer en un error. Haciendo esto no esto dañando a nadie, no tiene costo y quedaré más tranquilo con la desición que tome.
Mi aprendizaje es que el apellido cuenta
Muy bien Daniel, algo atípico en la vida real. Saludos y cuidate!
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