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jueves, 29 de septiembre de 2022

Despeinado por irresponsable

Esto sucedió un sábado hace poco.

Mi adorada esposa tenía que irse temprano hoy sábado y la cafetera en casa es complicada, no cualquiera le entiende, así que me pidió que le hiciera yo el café. Impensable que se fuese a ir sin café, porque a donde fue hoy, el café que hacen dice que sabe a caldo de calcetín.

Como yo nunca he probado el caldo de calcetín y no pienso hacerlo, me levanté decididamente y fui a la cocina a preparar el mentado brebaje sagrado en sábado.

Y cuando digo que la cafetera es complicada, ni de chiste lo es como mi mujer, pero igualmente difícil de descifrar. Pero al menos la máquina vino con manual…

El caso es que se va muy contenta con su café y además bien desayunada, cortesía de mua. Preparar café me gusta, preparar el desayuno no.

Yo me quedé a hacer lo propio con el Dany, platicamos de lo que haremos sin ella en casa un sábado, y no estamos seguros de en qué ocuparemos nuestra mañana, porque ella ejerce una dulce tiranía sabatina, la cual inicia con no hacer ruido temprano, desayunar, y ver programas en TV sobre naturaleza en los que el gran Sir. David Attenborough sea el narrador.

Si no es él quien los narre, se corre el riesgo de sufrir  represalias del tipo de la renuncia silenciosa, y no creo que haga falta decirles con detalle a qué “labor” renunciaría… así que debo esmerarme en encontrar uno a su gusto.


Así que, estando solos, concluimos que no sabemos qué hacer, por lo que cada uno de los dos nos retiramos a nuestra respectiva habitación, y al llegar yo al mío y pasar por el espejo, el cual no se puede evitar por estar justo de frente, (no crean que por vanidad) me tomo un segundo para contemplar lo que parece ser la reencarnación del Gallo Claudio, con semejante compete que ni queriendo lo hubiesen podido lograr Wiz Khalifa o Kanye West.

Lo chistoso es que no es la primera vez que me pasa, ya que por mi política de no desperdiciar tiempo peinándome, y a que a veces que me toca llevarla al colegio por la mañana, me topo con miradas circunspectas de parte de otros conductores en un semáforo.

Estas miradas son a veces de sorpresa, otras de burla y algunas de dura crítica, como acusándome de no seguir el protocolo matutino obligatorio previo a salir de casa y convivir en las calles con otros automovilistas “responsables”.

Prometo ser más considerado al volante por las mañanas, a menos que tenga que levantarme muy temprano a preparar el desayuno.